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Francisco Javier Illán Vivas. Acantilados de papel.
Semana 216.
Siempre he considerado a Benedicto XIII, y bajo él, a Pedro Martínez de
Luna, como un hombre que creía en todo cuanto hacía. No soy un gran
conocedor de la historia de la Iglesia, justo es reconocerlo, pero a
nadie pasa desapercibido que en aquellos años quien realmente mandaba
en la herencia de Cristo no eran los sacerdotes, sino los reyes
europeos, y en especial el rey de Francia o el emperador del Sacro
Imperio. Si a ello unimos la invasión, por parte del populacho romano,
de la sala donde se celebraba el cónclave para la elección del sucesor
de Gregorio XI, podremos entender los acontecimientos que siguieron y
el llamado Cisma de Occidente.
Su perseverancia ha pasado a la cultura popular, al menos en España, donde decir que “se mantuvo en sus trece” es un claro homenaje a este aragonés universal que aguarda, personalmente espero que no se hagan esperar mucho, la rehabilitación por parte de la Iglesia actual, pues no olvidemos que este hombre defendió en todo momento la independencia del poder eclesiástico del poder político. Y un dato importantísimo: fue elegido por quieres eran cardenales antes del Cisma, algo que no podían esgrimir los demás papas (hubo un momento en que coincidieron tres al mismo tiempo).
Esta es la historia que nos cuenta Jesús Caudevilla en su novela, desde el nacimiento de Pedro Martínez de Luna hasta su muerte, sin ningún poder, en 1424, entre las frías paredes del castillo de Peñíscola, ciudad que le ha erigido un monumento en agradecimiento a lo que Benedicto XIII representó para ella.
Desde Illueca, pasando por la carrera militar y los años de estudio canónico en Montpellier, conoceremos las vicisitudes personales de Pedro Martínez de Luna hasta ser nombrado cardenal en 1375 y convertirse en la mano derecha de Clemente VIII, en su embajador y, a su muerte, desde el 24 de septiembre de 1394, en heredero de la dividida Silla de Pedro. No olvidará Jesús Caudevilla narrarnos las circunstancias que se vivieron con dos y tres cabezas al frente de la Iglesia, las intervenciones políticas en la decisión de nuevos papas, obispos, cardenales, abades, etc. Las relaciones entre los sucesivos Papas de Roma: Bonifacio IX, Inocencio VII, Gregorio XII o Martín V; los elegidos en el Concilio de Pisa: Alejandro V y Juan XXIII, con el protagonista, Benedicto XIII, quien, en efecto, vio reinar junto a él a otros seis Papas.
Una historia bien documentada, agradablemente novelada, con momentos de simpático humor en las licencias que el autor se ha permitido con personajes ficticios o no, y continuas citas a dos localidades que le son queridas: Mallén y Sabadell, sin olvidar los encuentros con otro personaje clave en aquellos años, San Vicente Ferrer.
La novela termina con un interesante epílogo y unos apéndices para terminar de situar al lector en la realidad de, repito, este ilustre aragonés y español.
EL AUTOR.
Jesús Caudevilla Pastor, Sabadelll, 1953. De madre catalana y padre aragonés, desde su infancia la literatura ha sido su pasión. Es autor de de varias novelas, muchas de ellas comentadas en Acantilados de Papel.
Considerado una personalidad en el estudio de la figura de San Vicente Ferrer, el pasado año publicó Yo Vicente Ferrer, el ángel del Apocalipsis. Es también columnista de vegamediapress.com.
FICHA:
LOS SILENCIOS DEL PAPA LUNA
de Jesús Caudevilla
Edita: Styria Ediciones
Barcelona, enero de 2009
Género: Novela histórica
Encuadernación: Cartoné
ISBN: 978-84-96626-97-3
442 páginas. 25 euros.
Página del autor.
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